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sábado, 19 de julio de 2014

Deshojando la margarita


Los dedos le tiemblan cuando arranca el último pétalo. "¡Me ama!". La mirada se le nubla, el mundo se licúa, las mejillas le queman. ¡Lo sabía! Sabía que había que perseverar y no desfallecer ante la adversidad. El amor se fortalece con el adobo de la ilusión y él es un amante insistente, terco, y no se ha dejado doblar por el infortunio. Ahora la margarita ha dictado el veredicto y es seguro que pronto abrazará a su amada –¡por fin!– y todo gracias a no darse nunca por vencido, a ser persistente: lo testimonian las docenas de tallos con corolas deshojadas dispersas a sus pies.

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