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jueves, 30 de octubre de 2014

Psicomotriz



Mirarte al espejo a primera hora de la mañana y darte cuenta que ya hacía rato que intentabas afeitarte con el despertador; no tiene nada de estrambótico, si tienes en cuenta el contexto actual.
Pones el móvil en la tostadora o envías un whatsapp desde la pantalla táctil de una rebanada de pan, son dificultades psicomotrices, no se tiene que sufrir. Conflictos entre las percepciones sensoriales y los movimientos corporales. Demasiados años en atención permanente, o exposición ininterrumpida, a situaciones gradualmente más desconcertantes. La epidemia en  África occidental, con casos en Madrid, por ejemplo. Las guerras al norte del mismo continente. Centenares de personas recibidas a golpes en las fronteras melillenses. Que España lidera la recuperación económica. Las indemnizaciones de la empresa Castor. La proliferación de casos de corrupción. Las tarjetas opacas. La libertad del ex director Blesa. La suspensión del juez Silva. Enfatizar que si no se vota es una victoria de la democracia. Las coacciones ideológicas. Presos políticos. Y el río Güell canalizados perfectamente por el tramo ferroviario de alta velocidad… Sí.

Así es la reacción que desemboca en una respuesta de autodefensa, consecuencia de la situación de amenaza a nuestra integridad física reiterada; y las réplicas, acontecen programas naturales: encender un pitillo por el filtro, ponerte calcetines diferentes o meterle sal al café con leche, después de cerrar los ojos para no visualizar la brutal colisión del coche de fórmula-1 contra una grúa, a más de 200 km/h, o del retorno a la recesión económica en Europa. Pánico. La tensión es progresiva. Acumulativa. Empiezas por las orejas del lobo, el hombre del saco, el dragón feroz, el ojo de *Morthor y creces con el Euríbor, la fantasmagórica prima de riesgo, la presión de las culturas orientales, la crisis del mercado laboral, la violencia informativa o el ébola. Sorpresa, miedo, escalofrío y… primeros síntomas psicosomáticos.

Haces un *kit-*kat. Te quedas en blanco. No es de extrañar, pasas la noche del llorón si no apagas el transistor. Vaya, que te queda un telediario para sacar a pasear la aspiradora al Central Park. Será eso. Desconectar antes de llegar al trabajo con las zapatillas de poca monta. Emanciparse. Dejar la absurda interpretación, donde el lenguaje cura una iconografía básica de angustias, de falsas realidades, necesarias. alf.

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